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La obsesión de quienes quieren preservar la inmaculada pureza de sus lenguas o su cultura me recuerda a la otrora obsesión de reproducirse exclusivamente con individuos de sangre azul a fin de no mancillar el acervo genético.

Hay denotar los préstamos anglosajones, como cool o must see, e incluso aquéllos que sirven para rellenar lagunas culturales: ¿cómo diablos se dice exactamente en español spoiler, slapstick, cliffhanger o screwball?. En Cataluña, donde yo vivo, en las series de producción propia los personajes tienden a emplear términos que prácticamente nadie usa en la calle, como si llevaran un permanente palo metido en el orto, a fin de evitar la por otra parte inevitable proliferación de castellanismos.

Preservar la pureza cultural es un anhelo tan infructuoso como el de preservar la virginidad de nuestra hija. Tarde o temprano perderemos. No obstante, aunque hubiera un sistema eficaz para compartimentar las culturas a fin de que no se contaminaran unas a otras, ¿sería algo deseable?

Mi respuesta es negativa. Más aún: mi respuesta es que, precisamente, la contaminación es uno de los rasgos más positivos de cualquier cultura. La cultura nunca debe ser un bloque monolítico cimentado en la tradición y la costumbre, sino un fluido viscoso que se adapta a la realidad y la transforma.

Los investigadores están descubriendo que el intercambio (de bienes, de ideas, de culturas, etc.) es el mayor motor histórico del progreso en el campo de la innovación, la economía, las costumbres e incluso la propia estructura que sustenta la sociedad. Si antes del desarrollo de las telecomunicaciones (las que permiten que copiemos modelos anglosajones, que a su vez copian modelos asiáticos, etc.) el progreso resultó tan agónicamente lento fue precisamente por la naturaleza fracturable de la cultura humana, tal y como refiere Matt Ridley en su libro El optimista racional:

“Los seres humanos tienen una profunda capacidad de aislamiento, pueden fragmentarse en grupos divergentes. En Nueva Guinea, por ejemplo, hay más de 800 lenguas, algunas habladas en áreas de unos cuantos kilómetros, que, sin embargo, son tan incomprensibles para los vecinos como el francés o el inglés. Aún hay siete mil lenguas que se hablan en la Tierra, y las personas que hablan cada una de ellas son notablemente resistentes a tomar prestadas palabras, tradiciones, rituales o gustos de sus vecinos”.

A pesar de que toda la evidencia al respecto indica que el intercambio cultural es lo que provoca que una sociedad prospere en todos los sentidos, los individuos se esfuerzan denodadamente en hacer todo lo posible por sustraerse del flujo libre de ideas, tecnologías y hábitos, limitando así el impacto de la especialización y el intercambio.

A pesar de que nuestra fonética es asiria, nuestra álgebra es árabe, nuestra numeración es india, la doble contabilidad es italiana, las leyes mercantiles son holandesas, los circuitos integrados son californianos y así con muchos otros avances distribuidos a lo largo de los siglos, los continentes y las culturas, aún persisten en nosotros la tendencia innata a quemar puentes.

¿Quieren pruebas? Uno de los lugares que más me sobrecogieron en mi primera visita a Nueva York no fue el Empire State Building o la Estatua de la Libertad, sino una deliciosa cafetería escondida en Greenwich Village llamada Cornelia Street Café.

Ahí fue donde la cantautora Suzanne Vega empezó su carrera, donde los Monty Python interpretaron algunas obras en la década de 1980 y donde el senador Eugene McCarthy recitaba poesía. También ahí, una vez al mes, toca un grupo de neurocirujanos de alto nivel se reúnen para tocar en su banda Amygdaloids, nombre que hace alusión a esos racimos en forma de almendra que hay en el cerebro, que tienen discos como Heavy Mental. Para escucharles, hasta allí han llegado a entrar gente como John Nash, el esquizofrénico matemático de Princeton que inspiró la película Una mente maravillosa.

El Cornelia Street Café es un micromundo de reglas cultures muy flexibles, en el que gente de muy diversa catadura tiene acceso libre para mostrar sus creaciones y, acaso, inspirar al respetable con ellas. El Cornelia Street Café no tiene fronteras, y funciona como reducto para ensayar cosas que luego se trasladarán al mundo real.

El mundo real, sin embargo, sería un lugar mucho mejor si se pareciera más al Cornelia Street Café y menos al patio privado de un provinciano armado con una escopeta de doble cañón dispuesto a volarle la tapa de los sesos a cualquiera que pretenda trasponer el umbral de su sacrosanta casa o, peor aún, mantener un idilio con su virginal hija de diecinueve años. O algo así.

La endogamia no es buena a nivel biológico, pero tampoco lo es a nivel cultural. El pedigrí es un retraso. Lo intocable, un lastre. El miedo agorafóbico a lo diferente o lo extranjero, una segura condena al ostracismo.

La innovación, por ejemplo, siempre ha funcionado como focos aislados, como incendios forestales que iban afectando a determinadas sociedades, produciendo que otras experimentaran un retraso respecto a las primeras. La innovación en el pasado seguía esta pauta epidemiológica de propagación precisamente por la naturaleza refractaria del ser humano frente a lo que viene de fuera.

Hace 50,000 años, los hornos, los arcos y las flechas estaban en Asia occidental.

Hace 5,000 años, el metal y las ciudades estaban en Mesopotamia.

Hace 2,000 años, los textiles y el número cero estaba en la India.

Hace 1,000 años, la porcelana y la impresión estaba en China.

Hace 500 años, la contabilidad por partida doble y los inventos de Leonardo da Vinci estaban en Italia.

Hace 400 años, el Banco de Amsterdam estaba en los Países Bajos.

Hace 300 años, el Canal du Midi estaba en Francia.

Hace 200 años, el vapor estaba en Inglaterra.

Hace 100 años, los fertilizantes estaban en Alemania.

Hace 75 años, la producción en masa estaba en Estados Unidos.

Hace 50 años, las tarjetas de crédito estaban en California.

Hace 25 años, el walkman estaba en Japón.

Esta paranoia ante la contaminación produjo una evolución lenta y fragmentaria, aunque cada vez transcurría menos tiempo entre una innovación y la contaminación cultural de dicha innovación. Algo que, gracias a Internet, las telecomunicaciones y la flexibilización de las patentes y los derechos de autor, podría evitarse por primera vez en la historia, produciéndose de forma instantánea, y no solo en el ámbito de la innovación.

Antes, sin embargo, habrá que derribar las defensas numantinas de quienes defienden su corralito cultural, como si lo que ahora piensan, hacen o dicen hubiera sido instilado en su genoma vía patriotismo y no sea todo ello, en suma, un efímera statu quo que antaño destruyó lo que existía y hogaño (hoy) será destruido por lo que existirá.

El autor es escritor 

Fuente Blog Papel en Blanco

Publicado en Desafío

Quienes me leen a menudo ya conocen mi rechazo a la interpretación literaria que se aparta de lo técnico y pisa el jardín de lo estético, cuando lo estético solo es un convenio. Naturalmente, ello incluye que una obra nunca será mejor que otra, en conjunto, por sus características técnicas (si acaso será más compleja en esas características, pero no más).

En ese sentido, el análisis de textos, cada vez más, deberá estar sometido a métodos matemáticos. Porque los departamentos de matemáticas pueden decirnos mucho acerca de las estructuras literarias, y probablemente las sedes de la crítica literaria deberán empezar a tomar cartas en el asunto.

Esta visión matemática o académica, insisto, no debería reflejar nada acerca de la belleza de un texto, o incluso acerca de la conveniencia de leerlo (basta ya de que en el colegio se trate de inspirar el amor por la literatura leyendo versiones adelgazadas de clásicos como Don Quijote). De lo contrario, incurriríamos en un error semejante al observado entre un miembro de la familia al afirmar que daría su vida por dos hermanos o por ocho primos: en las relaciones afectivas, el altruismo florece naturalmente, y resulta grotesco usar las matemáticas de los genes y la selección por parentesco para determinar hasta qué punto debemos invertir esfuerzo en uno u otro miembro del clan familiar.

Lejos de los coleccionistas del modelo aforístico, los haikus japoneses o el silencio a la palabra propuesta por el Tao Te Ching (quien sabe no habla, quien habla no sabe), la prolijidad de determinados autores permite emplear modelos matemáticos que acaso nos descubran secretos ocultos en los textos, como el armazón de un edificio.

Por ejemplo, en La vida, instrucciones de uso, de George Perec, leemos la fotografía de un instante de la vida de una comunidad de vecinos de diez pisos, cada uno con diez habitaciones: es decir, cien lugares en total. Cada lugar posee su propio capítulo. Y éstos corresponden a las casillas de un tablero de diez por diez.

Perez decidió que las distintas habitaciones debían contener, cada una, una persona que realice una acción, y que debía existir diez tipologías de personajes, y diez acciones, tal y como explica Piergiorgio Odifreddi en su libro Elogio de la impertinencia:

“Para determinar la disposición de las parejas personaje-acción en cada habitación, Perec decidió que las tipologías debían ser combinadas entre sí de manera más inventiva que en la batalla naval, en la que la primera línea contiene las parejas A1, A2, A3…, la primera columna las parejas A1, B1, C1… y así sucesivamente. El matemático Claude Berge le sugirió que dispusiera las letras de tal modo que cada una apareciera una y sólo una vez en cada línea y en cada columna, y que hiciera lo mismo con los números. No es en absoluto obvio que esto sea posible, hasta el punto de que en el siglo XVIII el famoso matemático Euler había conjeturado que no lo era.”

Gracias a sus cuadernos preparatorios, sabemos que Perec sí que lo consiguió, gracias a que el problema que le planteaba tal estructura fuera resuelta en 1959 por los matemáticos Parker, Bose y Shrikhande. Así, de estos cuadrados alfanuméricos, es decir, compuestos por parejas de letras y números, usó nada menos que 21, para decidir los detalles de la estructura de su novela.

Para que la novela no fuera aburrida, Perec no se limitó a describir ordenadamente cada habitación sino que siguió el movimiento de un caballo de ajedrez por el tablero: es decir, una casilla en una dirección y dos en la otra. Pero entonces Perec se enfrentó a otro problema: ¿cómo recorrer todas las habitaciones sin traicionar este movimiento equino?

En el caso del caballo sobre un tablero de ajedrez se conocían varias soluciones desde el siglo XVIII, pero Perec ideó una propia, con algunas particularidades: por ejemplo, la primera casilla y la última no están conectadas por un movimiento, lo cual hace que la novela sea abierta, en vez de cerrada cíclicamente sobre sí misma.

Otro ejemplo del uso de las matemáticas para analizar textos literarios es el de la sextina: una forma poética introducida a finales del siglo XIII por Arnaut Daniel que exige dividir treinta y nueve versos en seis estrofas de seis, más una final de tres.

Además, las palabras finales de los versos de la primera estrofa deben ser las mismas también en las cinco restantes, pero en un orden distinto: para ser justos, según el esquema fijo de reordenamiento en espiral que sustituye cada vez la secuencia 1,2,3,4,5 y 6 por 6,1,5,2,4 y 3.

Todo un galimatías que los matemáticos denominan permutación. Se sabe que hay 720 maneras diferentes de permutar seis cifras o palabras. Pero el escogido para la sextina, si se usa repetidamente, después de seis aplicaciones se vuelve a obtener el orden inicial del que se había partido, como corresponde a una composición de seis estrofas.

Entre las 720 permutaciones de seis elementos, solo 120 tiene esta propiedad. Solo 12 tienen también la propiedad de que las palabras estén divididas en dos grupos que se intercambian entre sí. Arnaut, pues, escogió una de estas 12.

Siguiendo esta estructura también Jacques Roubaud, escritor y matemático, construyó su ciclo novelesco La Belle Hortense, L´Enlèvement d´Hortense y L´Exil d´Hortense. Cada novela está compuesta como una sextina: seis partes de seis capítulos cada una, cuyos argumentos son retomados de una parte a la otra según la permutación de Arnaut Daniel.

Y todo ciclo, aún incompleto, es a su vez una gigantesca sextina, compuesta por seis novelas de seis partes cada una.

“Y también las combinaciones han encontrado distintos usos literarios: de los I Ching, el clásico confuciano organizado en torno a los 64 hexagramas formados por todas las posibles combinaciones de segmentos enteros o partidos, a La Biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges, que contiene todas las posibles combinaciones de 25 símbolos ortográficos en volúmenes de 410 páginas, cada una de 40 líneas de 40 letras.”

El autor es escritor

Fuente Papel en Blanco

Publicado en Escribanía

Cuando la filóloga Olalla Hernández terminó la carrera y empezó a trabajar en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, dedicada a la difusión de la lectura, descubrió el mundo de la literatura infantil, “cómo concebir un libro para niños, cómo se lo llevan a su terreno, que los límites están mucho más allá y pocos los exploran. Y me enamoré de la narración gráfica”. Su padre es pintor y se recuerda desde pequeña imaginando las historias con imágenes, así que no es de extrañar que desde entonces se haya especializado en la promoción de la lectura, especialmente, de la imagen narrativa que “ni siquiera tiene que ser figurativa si la acompaña un texto que la complete” para que los niños la entiendan.

Hablamos con Olalla en la Librería del Bosque de la Maga Colibrí, en Gijón, España, un laboratorio de la pasión por la lectura y por la infancia, donde semanalmente se organizan talleres para niños y adultos sobre ilustración, lectura, presentaciones de libros, formación para el profesorado… Sentados en una mesa que bien podría haber utilizado Tim Burton en Alicia en el País de las Maravillas, Olalla sirve cuidadosamente un oloroso té. “Los buenos libros ilustrados, al tener distintos niveles lectores, permiten al adulto que acompaña al niño no sentir que está haciendo algo que no le corresponde por edad o intereses, sino que se interpreta dependiendo de tu capacidad intelectual….”.

En este mundo se movía Olalla hasta que el editor de Thule, José Díaz, le ofreció dirigir una nueva colección de cómic infantil cuando supo que ella estaba haciendo su doctorado sobre unos muy vanguardistas que se hicieron en Estados Unidos en el 2000, una experiencia que deseaba trasladar a España.

“Quería que integrara la ciencia ficción aunque me daba un poco de miedo porque los niños aún no tienen esos referentes ya que ni siquiera han descubierto su mundo, pero nos arriesgamos tocándola de una forma personal”. Y con este planteamiento nació Isla Flotante, que empezó a llamar la atención antes de llegar a las librerías gracias a su presencia y dinámica en Facebook, muy personalista y que desde el principio compartió trabajos interesantes de autores nacionales e internacionales. Pero sobretodo fue la edición de un fanzine con ilustraciones de las historias que van a integrar la colección las que marcaron el pistoletazo de salida y también de otros autores que han querido participar con alguna imagen en Isla Flotante.

“No conocía ningún fanzine para niños y me parecía interesante recuperar la tradición de este formato”.

La portada del conocido ilustrador Sergio Mora, autor entre otros muchos trabajos, del cuento Papá tatuado, es sólo la bienvenida a un compendio de nuevos talentos. Así pues, primero se colgó el pdf en la Red con la intención de sólo imprimir unos 1,500 para libreros y las ferias del libro que se celebran esta primavera. Pero dado el interés que despertó entre los lectores, algunos en el extranjero, y la posibilidad de demandarlo fácilmente gracias a la actitud proactiva que la colección había abonado previamente en las redes, decidieron venderlos también por Internet.

“Con Isla Flotante queremos hacer cómics de creación. De hecho, sólo hemos comprado los derechos de uno, Buh, de Andy Runton, que conocí en Canadá”. Buh es relato con personajes que hablan a través de viñetas en las que no hay palabras sino dibujos. “Un día estaba una editora que sabe muchísimo de libros en casa y no era capaz de entenderlo. Curiosamente el hijo de una amiga se lo fue explicando viñeta por viñeta, por pura intuición. A eso me refiero con los límites”.
Los libros se están creando ahora, conjugando los conocimientos y el talento de los autores, muchos de ellos jóvenes, con la formación en la promoción de la lectura y la pasión novel por la edición de Olalla.

El fanzine nos ofrece una panorámica de una colección arriesgada, volcada en unas ilustraciones vanguardistas y que llaman furiosamente a la curiosidad no sólo de los infantes sino también de los adultos.

“A través de Facebook hemos creado ese universo donde ese sello de un huevo flotante (logo de la colección) tiene vida al margen de los libros y que nos permitirá hacer otras propuestas como proyectos de animación…”.

De hecho, el primero cómic creado ex profeso y que ya está en las librerías es Robinson Crusasán, de Salva Rubio y Cristina Pérez Navarro,  una proyecto que nació siendo un guión para un corto, ganador del primer premio de la IV Semana Internacional de Cortometrajes y Guiones Ciudad de Utrera, y que ha visto la luz antes como cómic.

En el fanzine también encontramos trabajos, entre otros, de Rubén Varillas, Gaspar Naranjo, de los autores de Chupetes de Luna, José Urriola y Javier Velasco, que ya está en las librerías y que cuenta la curiosa forma que tienen unos padres de engatusar a su hija para quitarle el chupete; o un par de montajes fotográficos de la propia Olalla que crea sus historias a partir de imágenes antiguas y que próximamente publicará su primer libro.

“La literatura infantil ha avanzado muchísimo en los últimos años y en ámbito de la ilustración más aún. Pero no sólo por la demanda de los padres y de los niños, sino también por la iniciativa de los propios ilustradores que han ido encontrando su sitio en un país donde no había tradición, al contrario que ocurría en Francia, por ejemplo”. Sin embargo, esta narrativa se desenvuelven en un mercado de precariedad que se acentúa cuando incluye ilustraciones. Los adelantos en España suelen estar entre los 1,000 y los 1,500 euros, más el 5% que los autores reciben por ejemplar vendido de unas tiradas que no suelen superar los 2,000 ejemplares salvo reediciones, muy escasas en este ámbito. “

Todo se presupuesta dependiendo del precio que le quieres poner al libro. Y hoy se considera que un libro o un cómic es caro si cuesta más de 15 euros, pero de ahí tiene que cobrar muchas personas”.

El resultado es que un trabajo que puede llevar meses elaborarlo, apenas si termina siendo pagados con más de 2,500 euros. Y la crisis no sólo ha provocado un parón en la compra por parte de las familias, sino que también las bibliotecas públicas y de los colegios han dejado de renovar sus fondos.

Pese a ello Olalla, que últimamente se ha centrado en la formación online para másteres y otros cursos, y que tiene gran experiencia en el trabajo con bibliotecas públicas, ha comprobado cómo aquellas que en tiempos de bonanza económica se esforzaron por mantener actualizados sus fondos y una agenda de actividades interesante, siguen siendo núcleos dinamizadores de la cultura en los barrios, “bulliciosas y vivas”.

Fin que comparten con este fanzine y esta colección de cómics que reta y sumerge a la imaginación de los niños en historias abiertas y sugerentes, y a los adultos que les acompañan en la lectura, “un hábito que no debe abandonarse cuando los menores aprenden a leer”, como eso, inteligentes adultos lectores.

Fuente Periodismo Humano
 

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Todo lo que ya expuse en la primera entrega de esta serie de artículos me sirve para aclarar algunos puntos antes de arremeter con lo siguiente: dada la complejidad arenosa de asuntos como la literatura, el arte y lo que es calificado de bueno y malo, todo el mundo puede, más o menos, posicionarse si dispone de los argumentos suficientes. Son frecuentes las discusiones sobre si Harry Potter o Los juegos del hambre son verdadera literatura o no, sin embargo casi nadie discute si la segunda ley de la termodinámica se cumple en todas las partes del universo o solo en algunas.

(Sí, me dirán: pero la literatura tiene reglas fijas para determinar las bondades de un texto. Cierto. Pero sin reglas que solo existen bajo un consenso, no se desprenden de una realidad objetiva).
Pero lo más llamativo es que esa discusión también existe entre los expertos en literatura. Y si no se produce, debería producirse. Si se produce es porque, como he apuntado anteriormente, todo parece discutible si se dispone de los argumentos suficientes. Pero si no se produce es porque en el ámbito de la literatura, así como en las ciencias sociales, florece con más facilidad el argumento de autoridad.

Cuando las cosas son como son y la única forma de discutirlas es demostrar que son falsas con pruebas verificables (método científico), resulta complicado que surjan figuras respetadas simplemente por su apellido y no por el fruto de su trabajo. Einstein no es respetado porque se llame Einstein sino porque revolucionó la Física. Lo mismo hizo Darwin con la Biología. (Con todo, la Física y la Biología hubieran llegado igualmente a ser como son ahora aunque Einstein y Darwin no hubieran nacido). Sin embargo, para obtener respeto en el ámbito de la literatura no es condición sine qua non el revolucionar la literatura en algún aspecto (principalmente porque no es posible revolucionarla aún: solo se avanza y se retrocede por la misma guía de opiniones). Quédense con la idea conceptual, obviamente hay muchos matices que la extensión de este artículo no me permite desarrollar.

Dicho eso, la mejor forma de parecer un experto o ser respetado por los expertos es opinar tal y como lo hacen los expertos. Hacer lo contrario podría condenarte a soportar una serie de arqueos de ceja escépticos, tal y como me estará ocurriendo ahora a mí (suponiendo, como dijimos, que sé más que ustedes y que soy un experto de alto nivel). La mejor manera de encajar entre los que dicen saber es ponerse frente a determinada obra de arte considerada buena por el establishment y fingir (o aprender a fingir hasta el punto de que tú mismo te lo creas) que sientes algo similar a lo que afirma el establishment, y que sus valoraciones son naturalmente objetivas e indiscutibles.

Por ejemplo, es el argumento que me aportan muchos cuando asevero que determinada obra clásica me parece un pestiño. Me dicen: pues si es un clásico universal y aún se sigue leyendo será porque tiene cualidades intrínsecas que la hacen merecedora de ese estatus.

Pero eso, de nuevo, es simplificar la literatura y la relación que el ser humano mantiene con el arte y la belleza. Y, por supuesto, también es simplificar cómo funciona nuestro cerebro o cómo se propagan las tendencias sociales. Desde las ciencias naturales, todo ello lleva décadas teniéndose en cuenta. Desde las ciencias sociales más blandas, como la literatura, apenas se invoca: mayormente porque el experto ignora lo que se cuece en lugares como el MIT o porque directamente lo desdeña.

Existen miles de experimentos psicológicos para demostrar cómo nuestras opiniones o incluso nuestras percepciones estéticas se ven influenciadas por el entorno o por lo que piensen las personas que nos rodean (o más exactamente, las personas por las que competimos en prestigio o a las que queremos parecernos). El más clásico de ellos pertenece a Salomon Asch, y muestra de forma sencilla cómo la opinión unánime, en cualquier contexto, no es significativo de nada (salvo si esa opinión se puede respaldar y verificar con herramientas objetivas, tal y como ocurre en la ciencia dura).

El autor es escritor

Fuente Blog Papel en Blanco
 

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El tema es proceloso, lo sé: nada menos que acordar qué significa “bueno”, “malo”, “interesante”, “enriquecedor”, “aburrido” y demás adjetivos calificativos en el ámbito de la literatura. Como no me veo capaz de definir tales términos de una forma omnicomprensiva o, al menos, sin caer en la simplificación, sencillamente voy a saltármelo.

Pongamos por caso que todos estamos de acuerdo en que hay una serie de condiciones objetivamente medibles que hacen de una obra mejor que otra. Bien. Ahora viene la pregunta espinosa: ¿un clásico es un clásico simplemente porque acumula polvo valetudinario o porque posee esas condiciones objetivas? ¿Un clásico es bueno per se? Y si un libro gusta a una gran mayoría de gente, incluyendo a los expertos, ¿es libro deberá ser aceptado como bueno?

Mi respuesta es que no. Sospecho que tal afirmación, desde el ámbito de la literatura, podrá parecer una boutade o una afirmación aventurada, propia de quien no atesora demasiadas lecturas por bagaje. Bien. Ahora permítanme otra licencia: pongamos por caso que soy una persona muy instruida y leída, que seguramente he leído más libros que ustedes, tanto clásicos como contemporáneos, que he estudiado literatura y arte en profundidad, que incluso me puedo comparar a los expertos en dichos campos.

No voy a desvelar si eso es así realmente, porque no creo que sea ningún argumento válido. Solo quiero que lo supongamos para poder llevar a buen puerto lo que a continuación voy a exponer. Esto es: si fuera quien afirmo ser, ¿mis argumentos tendrían más peso específico para ustedes? ¿Podría decirse que al menos es un tema discutible? ¿Podría ocurrir que dos eminencias en la materia estén en completo desacuerdo en lo que concierne al título de este artículo como ocurre con frecuencia en otras disciplinas complejas como la economía?

Si continúan negando con la cabeza, sigan leyendo: desde las ciencias naturales no existen tantas desavenencias entre los expertos (al menos es asuntos sustanciales) como en las ciencias sociales porque las ciencias naturales son mucho más fáciles de sistematizar, medir, pesar, someter a falsedad etc. Es decir, hasta cierto punto (un punto bastante importante), en ciencias naturales se pueden afirmar verdades indiscutibles (y si alguien consigue discutirlas, es galardonado automáticamente con el Premio Nobel).

Sin embargo, en las ciencias sociales es mucho más difícil que eso ocurra porque el conocimiento resulta mucho más poroso. Las ciencias naturales tratan de las características de un bloque sólido; las ciencias sociales tratan de las características de un puñado de arena que se escapa entre los dedos (ignorando aún lo que se cuece en la arena del resto del mundo).

Es decir, que en ciencias sociales todo es más discutible, la verdad consensuada es más difícil de alcanzar, cuando se alcanza el consenso no tarda en perderse con el transcurrir del tiempo, hay diversas escuelas que proponen consensos distintos, apenas existe el conocimiento acumulativo. Insisto: no es problema de los expertos en ciencias sociales, sino de las propias ciencias sociales, que son rematadamente más complejas que las naturales.

El problema es que solo adviertes la complejidad de las ciencias sociales cuando estás profundamente versado en ciencias naturales (y esos especímenes no abundan). Las ciencias sociales, como la literatura, parecen más simples porque todo el mundo tiene acceso a ellas, porque incluso académicamente parecen más fáciles (de ahí procede lo de “si vales, vales, sino a letras”). Porque forman parte del tejido social. Porque pueden formar parte de una conversación en un bar. Sin embargo, difícilmente observaremos el mismo fenómeno si sustituimos la literatura por la física.

En la segunda entrega de esta serie de artículos, tras este extenso prólogo, nos meteremos completamente en faena.

El autor es escritor 

Fuente Blog Papel en Blanco 

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Martes 17 de Abril de 2012 14:29

Un Pulitzer con sabor boricua

Quiara Alegría Hudes escritora y compositora de origen puertorriqueño se convirtió en el nuevo Pulitzer en la categoría de drama por su obra de teatro "Water by the Spoonful”.

La obra que le mereció el galardón a Hudes narra “la búsqueda de significado por un veterano de Irak que recién llegado, trabaja en una tienda de emparedados en su pueblo natal de Filadelfia”, según la descripción detallada en la página oficial de los premios.

La autora estudió música en la Universidad de Yale y escritura en la Universidad de Brown y, actualmente es profesora en de Wesleyan University en Conneticut. En el 2007 fue finalista para esta categoría de Drama de los Pulitzer por su obra "Elliot, A Soldier's Fugue".

El editorial Schorlastic en su página de Internet describe la obra de Hudes con una visión intelectual con una forma humanística de narrar historias americanas. Asimismo, combina historias étnicas y familiares de su lugar de crianza en Filadelfia para sus escritos. Su primera producción fue en décimo grado de escuela superior, obra que la llevó años mas tarde a su primera producción profesional “Yemayas Belly”.

Entre sus proyectos se encuentran “Barrio Brrr” y “26 Miles”. En el 2008 la dramaturga fue premiada en los "Tony-Award" por el musical "In the Heighs". Entre sus proyectos futuros la autora prepara la obraThe Happiest Song Play Last”, que tendrá música folclórica puertorriqueña y será dirigida por Edward Torres, según indica goodmantheatre.com.

Los premios Pulitzer se otorgan para estimular la excelencia en las áreas de periodismo, teatro, literatura y música. En la categoría de Drama junto Hudes estuvieron nominados Jon Robin Baitz por su obra "Other Desert Cities" y Stephen Karam por "Sons of the Prophet"

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Eugenia Rico (Gijón, 1972) ha cultivado el cuento desde el principio de su carrera. Hoy, con el respaldo de la crítica y el público que sigue sus novelas, publica con Páginas de Espuma ‘El fin de la raza blanca’, un magnífico libro de cuentos de los que no podemos despegarnos. En esta ocasión, Eugenia ha tenido la gentileza de contestar nuestras preguntas vía correo electrónico para hablarnos de las claves de su libro y de su oficio.

Un libro como ‘El fin de la raza blanca’ ¿cómo nace?

Nace de años y años de dedicarme al relato. Nace de mi amor por el cuento que es un género muy puro de la literatura cercano a la poesía. El cuento es una idea. La novela es una sucesión de ideas. El cuento es perfecto o no es. Una novela llena de imperfecciones puede ser una gran novela pero una sola palabra fuera de lugar acaba con un cuento. Después del éxito de ‘Aunque seamos malditas’ quería afrontar el reto del cuento que es el reto de la perfección. El cuento es literatura en estado puro. El cuento es como un relámpago que ilumina la noche y nos deja recordando lo que vimos con los ojos cerrados. El cuento es una historia que comienza a suceder en tu cabeza en el mismo momento en que se termina su última página.

Vuelves al cuento con ‘El fin de la raza blanca’ ¿a qué se debe este regreso?

Es el primer libro de cuentos que publico y lo hago con la editorial emblemática del género: Páginas de Espuma, que ha publicado y publica los mejores cuentos en castellano y antologías maravillosas como las de Harold Bloom.

El nombre del libro es chocante y provocador…

Es el título del último cuento del libro: un cuento musical y orientalista sobre los amores del constructor del Taj Mahal con su hija, un portugués y la prohibición de entrada a la raza blanca en la India. Por supuesto es un título simbólico del momento histórico en que nos encontramos. Durante los últimos 60 años la raza blanca (la Europa Occidental) disfruto de una prosperidad nunca conocida antes en la Historia de la Humanidad. Por miedo al comunismo se alcanzaron altos niveles enormes de bienestar social en el lado oeste del Muro. El Comunismo no trajo la prosperidad al Este pero trajo un gran reparto de riqueza en el Oeste. Tras la caída del Muro de Berlín nos dicen que la historia ha terminado. Surge el Neoliberalismo radical que pretende arrebatar las conquistas sociales que han tardado siglos en concretarse y todo esto en un mercado global en el que el “dumping” social amenaza los derechos adquiridos durante siglos en Europa. Por otro lado “blanca” es una metáfora de la pureza y una palabra con la que estoy obsesionada. Mi novela favorita se llama ‘La muerte blanca’. El blanco es el color del luto en Oriente y lo fue en Castilla hasta la muerte del hijo de Isabel la Católica. El fin de la raza blanca está de luto por un mundo que fue, pero el fin también significa la finalidad. El fin es un nuevo principio. Es el reto de un mundo diferente basado en valores en los que podamos confiar.

La división dantesca del libro (Cielo, Purgatorio e Infierno) ¿de alguna forma intenta delimitar las perspectivas desde las que experimentamos la vida? Porque más que dónde estemos, la vida tiene que ver con cómo la miramos…

La realidad no existe. El Cielo y el Infierno son el mismo lugar. En el Cielo están tus amigos y en el Infierno tus enemigos. El libro es como una historia de amor tormentosa: suele empezar en el Cielo, continúa en el Purgatorio y acaba en el Infierno. Pero en “El fin de la raza blanca” los personajes se buscan en el Cielo, se encuentran en el Purgatorio y en el Infierno se quitan las máscaras.

Tocas muchos grandes temas de ahora (memoria histórica, infancia robada, memoria de los padres, la maternidad, las relaciones tóxicas y brutales) ¿Es ‘El fin de la raza blanca’ un ajuste de cuentas con la realidad?

Todos los escritores buscamos la página perfecta y la obra total. En este sentido ‘El fin de la raza blanca’ es un libro tan ambicioso que pretende las dos cosas. Y apuesta por el cuento como revelación. ‘El fin de la raza blanca’ está lleno de personajes malvados: asesinos, pederastas, cobardes, traidores precisamente porque intento hacer una reivindicación de la bondad. Cuando era niña mis padres me decían que lo más importante era ser buena persona. No había salido del Colegio cuando ya se hablaba del “buenísimo” para descalificar a los que quieren ser buenos. Lo que en España siempre se había llamado un buen hombre pasó a ser calificado con el concepto americano de “perdedor” y se ensalzo a los “yuppys”, los tiburones. La cultura del “todo vale” nos llevo al “que nada tiene valor” y si nada tiene valor nadie lo cuida. Y ahora estamos en esta crisis que es un cambio de paradigma. La cultura “hispter” ya reivindica la vuelta a valores más auténticos, no necesitamos tanto pero necesitamos valores que nos conduzcan al futuro. En ‘El fin de la raza blanca’ mis perversos son desgraciados y están perdidos. Yo defiendo la bondad como una forma de inteligencia y la maldad como una forma de locura.

Tu cuento ‘Tren de vida’ nos narra la vida de aquellos que no se bajan del tren nunca, que no tienen ni quieren tener una visión clara del mundo que les rodea ¿A quién bajaría del tren Eugenia Rico para que se dé un baño de realidad?

Desde luego a muchos de nuestros políticos y a una cierta burguesía comodona que no se da cuenta de que nadie nos va a sacar las castañas del fuego. Sólo la imaginación nos salvará. Si una idea puede destruir el mundo (como un futuro o un derivado que son meras entelequias) entonces una idea puede salvar el mundo. El dinero es una idea, y el cuento es una idea. Luego un cuento puede salvar el mundo.

En ‘Selena’ y ‘La gata negra’ la brutalidad animal da paso a la brutalidad contra las personas ¿Qué te ha llevado a emparejar estos dos planos de violencia?

El que es cruel con los animales suele serlo con las personas. En el libro hay además una defensa del único colectivo marginado al que todos hemos pertenecido: los niños. Todos hemos sido niños pero se abusa de los niños sin que nadie los defienda. Yo escribo para defender a los más débiles. Para dar voz a los que no tienen voz. Para hablar de los que nadie habla. Los que no salen en los periódicos, los que no abren el telediario.

Conectas ‘Sala de espera’ con ‘One way’ ¿Juego con el lector atento o un cuento generó al otro?

Todos mis cuentos tienen pasadizos que conectan realidades con otras, en otros cuentos que no están en este libro se revelan secretos que han quedado escondidos aquí, todas mis novelas tienen guiños en otras novelas. Porque yo pretendo construir un mundo propio, un mundo paralelo en el que el lector ponga las reglas.

‘La gata negra’ es rotundo y directo y dibuja el perfil de víctima y agresor ¿de dónde te llegó la historia?

Es un homenaje a Poe, que es el padre de todos los cuentistas, de la novela negra moderna y de la novela moderna. Y un ejemplo de que la historia está en el punto de vista, contada por la víctima desde el otro lado del espejo se convierte en una historia sobre el alcoholismo y el maltrato. Sobre cómo es posible que te mate la persona a la que más amas. Sobre cómo matas a la persona a la que más amas.

‘El fin de la raza blanca’ (el cuento) debería convertirse en una película. Abordas el tema de la traición y el amor utilizando literatura fantástica, enraizada en los cuentos de Las Mil y una noches ¿a qué se debe este registro?

Uno de mis objetivos es mezclar lo culto y lo popular. Aquí le doy otra vuelta de tuerca a ‘Las mil y una noches’: la madre de todos los cuentos y juego con la musicalidad del lenguaje. En este cuento el lenguaje es como un laúd y los grandes temas de la humanidad se revelan ante nosotros en pocas páginas.

¿Cómo es el día a día de Eugenia Rico cuando escribe?

Kafka decía que para escribir su situación ideal es estar encerrado en un sótano, donde una mano anónima te trae de comer y tú te dedicas a escribir. Este es también mi ideal pero prefiero un lugar con más luz que un sótano. Como Goethe al morir busco “luz, más luz” y escribo a la luz del día. Me gusta trabajar el día entero. Varias de mis novelas las he escrito en un monasterio. “La muerte blanca” la escribí en Vallbona de les Monges. Me gusta el encierro completo en el proceso de escritura, luego guardarlo en un cajón y esperar. Es una receta de cocina: lo dejas reposar y la grasa sube y la eliminas. Después de un tiempo lo corrijo encerrada y del mismo modo implacable: Hemingway dice que hay que matar a los seres queridos. Eso es corregir, cargarte frases buenas y páginas maravillosas para que el resultado sea lo más cercano a la posibilidad de la perfección.

Fuente Papel en Blanco
 

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Lunes 09 de Abril de 2012 12:16

Manos fuera de la (h)ortografía

Abril, mes del idioma, no se concibe sin hablar, por ejemplo, de la detestada ortografía que es, finalmente, el traje de luces del idioma. Sin ella, las palabras quedan como en paños menores, con los calzones abajo.

Cada palabra tiene su propia arquitectura. Una vez construidas las casas de las palabras -que podríamos llamar frases-, las ideas se van a vivir en ellas, como esos conversadores empedernidos que no solo se sientan en la palabra, sino que se acuestan con ella.

De tanto pronunciar y escribir palabras, terminamos familiarizándonos con su estructura. La ele, por ejemplo, siempre será una consonante eréctil que se sentirá cómoda en medio de una orgía de vocales, llenas o débiles. Como en Eulalia. ¿Qué tal que la o renunciara a su eterna condición de círculo vicioso?

Aun para quienes no hemos tenido nunca buena ortografía, ésta se convierte en el Taj Majal del idioma. A veces uno tiene la ortografía que desearía para sus enemigos. O acreedores. En mi caso, los correctores del periódico me tienen que ayudar a saludar con hache (¡hola!), porque tiro a lapo escribo ola; me colaboran con bautizo, cuando ‘bautiso’ gentiles, y con el verbo amacizar que, escrito con ese, jamás llegará a la tierra prometida de la intimidad de la pareja ‘atarzanada’ por un bolero.

Este aperitivo para discrepar de nuevo de la propuesta hecha alguna vez por el Nobel de Aracataca de enviar la ortografía al cuarto del reblujo (o rebrujo para no ofender). Y de aplicarle la vasectomía a ciertas tildes que hacen el amor a distancia sobre vocales esdrújulas que, con la propuesta de Gabo, se quedarían vírgenes para siempre, sin probar la sal.

Discrepo, entre otras razones, porque si a uno le dio tanta lidia "no" aprender ortografía, sería más difícil olvidar lo poquito que se le quedó. Claro que la propuesta de don Gabriel ha empezado a abrirse paso de vieja data en las facultades de comunicación social, o sea, de periodismo, donde consideran que la ortografía es hereditaria como la artritis y la pecueca, y no se debe estudiar como materia.

Debería ser ‘superhipermegaobligatoria’. Como la ética y la escueta taquigrafía, la única que puede decretarle la muerte a la grabadora que nos está haciendo la mitad del trabajo a los periodistas. Sin que la invitemos a almorzar. O a un motel.

Eso sí, en lo único que no se debe exigir ortografía es en las cartas de amor. Es más, debería ser prohibida para todo enamorado. Nada menos romántico que una perfumada esquela, llena de exactitudes ortográficas y exquisiteces gramaticales.

Sospecho que si hubiera tropezado con novias con excelente ortografía estaría solterón, desvistiendo damas, ojalá de dudosa ortografía sexual. Las cartas de amor son escritas con el alma, y el alma nunca fue a la escuela a estudiar la vilipendiada ortografía en verso de Marroquín. Asta (¿) pronto.

El autor es periodista en Colombia

Fuente Bolprees
 

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Lunes 19 de Marzo de 2012 12:13

El Caribe se llena de premios literarios

Escritora y profesora de literatura del Caribe y redacción creativa de la Facultad de Humanidades del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, la doctora Loretta Collins Klobah, ganó el primer lugar en la categoría literaria de poesía en un certamen para el Premio OCM Bocas en Literatura del Caribe, 2012, el cual es patrocinado por One Caribbean Media, la mayor compañía de negocios mediáticos en Trinidad y Tobago.

Además, su libro de poesía,The Twelve-Foot Neon Woman (La mujer de neón de doce pies),  publicado por la casa editorial Peepal Tree en 2011, es uno de tres finalistas compitiendo para el gran premio, que incluye una suma monetaria de $10,000. El nombre del ganador será anunciado el sábado 28 de abril, durante la segunda edición anual del Festival Literario NGC Bocas en el país de Trinidad y Tobago. La lista de tres finalistas fue anunciada a la prensa internacional el 16 de marzo.

Otro escritor en la carrera literaria con la doctora Collins Klobah es el prolífico y apremiado dramaturgo, cuentista y novelista Earl Lovelace, de Trinidad y Tobago, por su sexta novelaIs Just a Movie (Es solamente una película). Lovelace, una estrella de el mundo de literatura caribeña, es el ganador en la categoría de ficción. Los jueces describen la novela como "intensamente poética y lírica”, "un tapiz de historia de la isla … inmerso en su lugar y llena de personajes muy bien realizados. "

El tercer contendiente es el columnista, analista político, abogado y ex-Fiscal General del Estado de Belice, Godfrey P. Smith, ganador en la categoría de prosa, por su biografía del ex-primer ministro de Belice, George Price: A Life Revealed. Se trata de una "narrativa bien diseñada que combina afecto y gratitud con algo como admiración", comentaron los jueces, que definen el libro como una exploración hábil de George Price "genio excéntrico y de perspicacia política". Smith también se ha desempeñado como Ministro de Relaciones Exteriores, Ministro de Comercio Exterior, Ministro de Defensa, Ministro de Información y Ministro de Turismo de su país.

Los jueces elogiaron el poemario de la profesora Collins Klobah señalando que muestra una "dura y ganada madurez de espíritu poético". El libro es “una exploraciónlírica, lúdica y subversiva de la historia del Caribe” y el poema con el mismo título del libro es "un tour de force de la imaginación histórica y cultural".  Poemas individuales en la colección tratan varios temas culturales, ambientales, históricos, sociales y artísticos en el área metropolitano y el contexto urbano de San Juan, Puerto Rico y del Caribe, con poemas situados en el Viejo San Juan, el Barrio Obrero de Santurce, Bayamón y Corozal, y en varias otras islas caribeñas.

En su contraportada, la reseña breve del libro del poeta puertorriqueño Victor Hernández Cruz describe el poemario de la profesora Collins Klobah, que combina el inglés, el español e idiomas criollas del Caribe, así “En este libro,el Caribe, consus coloresy lenguajes múltiples, cobra vida. Estos sonpoemasfértilesnacidos en nuestrahumedad aquíen Puerto Rico yen nuestrasislas hermanas, en medio de las frutas tropicalesy vegetaciones, poemas que son sensibles ala geografía, la historiay las heridasdela gente del Caribe. Estos poemasestán llenos defuturo, los ritmos y las olasdel mar. El lenguaje es eléctrico,brillante”.

Hablando sobre la lista de finalistas para el premio, la fundadora y directora del festival literario NGC Bocas, Marina Salandy-Brown señaló: "Una vez más este año tenemos autores inéditos en la fila para el premio con una estrella literaria reconocida. Godfrey Smith es un recién llegado y el poemario de Loretta Collins Klobah es su primero. El Premio está trayendo la buena escritura de los escritores nuevos y establecidos a la atención de un público más amplio, que es lo que nos propusimos hacer. "

El premio de 2011 fue ganado por el poeta de Santa Lucia, Derek Walcott, también reconocido como un ganador del Premio Nobel en Literatura. Su poemario más reciente, White Egrets (Garzas Reales) recibió el gran premio de 2011. Tiphanie Yanique, con su libro de cuentos How to Escape from a Leprosy Colony(Como escapar de una colonia de leprosos) ganó la categoría de ficción de 2011, y Edwidge Danticat, con el libro Create Dangerously: An Immigrant Artist at Work (Crear peligrosamente), en la categoría de no ficción.

El certamen del Premio de la Literatura del Caribe OCM Bocas, ahora en su segundo año, está abierto a los libros que se publicaron en el año anterior por los escritores del Caribe por nacimiento o ciudadanía. El panel de jueces de 2012 goza de una reunión de eminentes autores y académicos basados ​​tanto en el Caribe y en el extranjero.

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Miércoles 14 de Marzo de 2012 16:31

Premian lo mejor de literatura y periodismo del 2010

El Presidente del Instituto de Literatura Puertorriqueña, Ramón Luis Acevedo, anunció hoy los Premios Nacionales correspondientes a los mejores libros y artículos periodísticos publicados en el año 2010. 


Tras la correspondiente deliberación, se acordó por unanimidad otorgar el Primer Premio de Literatura en la categoría de Creación al libro de cuentos Mi hija es García Márquez de Pablo Juan Canino Salgado, de la Editorial Isla Negra, con un premio en metálico de $5,000.

El segundo premio de Literatura en esta categoría, por la cantidad de $3,000, al poemario Silencio abierto de sombra de Miguel A. Arzola-Barris, de la Editorial CDL; y un tercer premio al libro de cuentos de Rubis M. Camacho, Cuentos traidores, por la cantidad de $2,000, de Mariana Editores. 



En la Categoría de Investigación y Crítica se otorgó un primer premio al libro Me llaman desde allá. Teatro y performance de la diáspora puertorriqueña escrito por Rosalina Perales, en edición de la autora, con un premio en metálico de $5,000; y un segundo premio de Literatura en esta categoría, por la cantidad de $3,000 al libro El Yunque escrito por Víctor Manuel Nieves de la editorial Impressive Publications. 

Un Tercer Premio por la cantidad de $2,000, en esta categoría le fue otorgado al libro de ensayos De charcas, espejos, infantes y velorios en la literatura puertorriqueña, escrito por Luis Felipe Díaz y publicado por Isla Negra.



Mientras que, en la categoría de Periodismo, el Premio “Bolívar Pagán”, recayó en la periodista Ana Teresa Toro, por sus columnas en El Nuevo Día, con un premio en metálico de $3,000.

 Dos Segundos Premios de Periodismo, con premios en metálico de $1,000 cada uno, recayeron sobre los periodistas José Curet y Tatiana Pérez con sendas columnas en El Nuevo Día.



Los premios serán entregados en ceremonia entre los ganadores a celebrarse en la primera semana de Abril.

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