24 nov, 2014

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Miércoles 27 de enero de 2010 08:58

Revisando una década, cuadro por cuadro...

Por  Diálogo Digital
Ahora que la memoria más que nunca hace espacio para lo que se avecina, me aventuro a realizar un inventario muy personal, por miedo a olvidar, de lo mejor del cine en los pasados 10 años.
El fin de una década casi intrínsecamente, por definición, invita a la reflexión. Se convierte en una experiencia tan personal como colectiva y acaba por vincular a todos los componentes de nuestra identidad. El arte nos acompaña a diario, nos mueve y aporta desde su espacio único, tan inventado como real, al bagaje de memorias que intentamos -con distintos grados de éxito- reorganizar. Así es que, durante ese diciembre del año que terminó en 9, las revistas especializadas en cine, música y literatura publicaron sus prestigiosas listas con lo mejor de esos últimos diez años. A pesar de lo informadas e interesantes que éstas pueden resultar, siempre hay algo de arbitrario en las razones detrás del ordenamiento. Si bien es cierto que podemos identificar con relativa facilidad nuestro filme, libro o álbum favorito de la década, el caso es más complejo a la hora de decidir qué factores hacen que uno ocupe –por ejemplo- el puesto 43 y otra el 42. Por otro lado, el momento en que vemos una cinta, leemos un libro o escuchamos una canción modifica considerablemente la experiencia, de manera que la película que algún día causó gran impresión no necesariamente se sostiene años después. Como última consideración está la década misma en relación con quien la recuerda. En mi caso, el fin de ésta que pasó, aún sin nombre, me llena de nostalgia. Con ella aprendí a ver cine. Fueron mis años formativos, los que siempre permanecerán como ideales, irrepetibles. Sopesando estas observaciones, les ofrezco una lista que no pretende ser definitiva, ni reflejar lo mejor de nada, salvo aquellos momentos cinematográficos que me dejaron una impronta emocional perdurable. El cine es forma, estética, narrativa, pero por sobre todo, es emoción. Aquí les dejo una de esas listas que, como me dijo un buen amigo, son para el cine, son contra el cine. Por orden alfabético: Before Sunset: Los mejores diálogos de esta década, al menos en el cine norteamericano, se encuentran en la cinta del gran Richard Linklater. Es difícil toparnos con personajes cinematográficos tan inteligentes y reales, cuyas conversaciones resuenan más allá de la pantalla y alcanzan una cotidianidad que desarma. Esta secuela del romance Before Sunrise capitaliza exponencialmente en todas las virtudes de esa cinta. Nueve años después de aquella noche en Viena, Jesse y Celine se reencuentran en Paris. Una vez más su encuentro está supeditado a un espacio de tiempo que ninguno de ellos controla. Lo que comienza como una conversación casual sobre la familia, el trabajo y la política, poco a poco se convierte en algo mucho más íntimo, dejando entrever los asuntos que aún quedan por resolver entre estos dos personajes. Un filme sobre la levedad del tiempo, las oportunidades perdidas y recuperadas y los vínculos indisolubles que creamos, en donde lo que se dice es tan importante como lo que se calla. Capturing the Friedmans: Mucho se habla del carácter escopofílico del séptimo arte, de aquella pulsión que nos impulsa a ser voyeurs, fisgones en las vidas privadas de otros. En la era del reality show esa mirada furtiva pierde su secretismo, se le arrebata la posibilidad de ser descubierta una vez los objetos de la misma se saben observados. El desgarrador documental Capturing the Friedmans nos devuelve al anonimato, mientras advertimos -a través de sus propios videos caseros, y sin poder hacer nada- la desintegración final de una familia estadounidense. La fina línea entre sensacionalismo y documental se traza, pero nunca se rebasa. Ver esta cinta es ver la vida misma desdoblándose ante nuestros ojos. El laberinto del fauno: Guillermo del Toro es un visionario. Aunque en sus cintas de Hollywood sus aptitudes estéticas están presentes, es en el cine latino que logra esa síntesis tan hermosa entre forma y contenido que lo prueba como artista. Con El laberinto del fauno, su sensibilidad narrativa alcanza una dimensiones humanas que anteriormente sólo había sugerido con El espinazo del diablo. El marco histórico de una España en la posguerra civil, con la Policía Armada franquista acabando con la amenaza republicana, es el pie forzado para explorar los confines de la imaginación de la niña Ofelia. La cinta muy astutamente logra evadir la lectura fácil de que la fantasía opera como un escape de la realidad, y deja abierta la interpretación de si el mundo de la niña –ciertamente fantástico- es ilusión o no. Una de las experiencias visuales más maravillosas y audaces de la década, con una de las más tiernas partituras originales, a cargo de Javier Navarrete. Eternal Sunshine of the Spotless Mind: Una meditación sobre cómo funciona la memoria, selectivamente, y cómo transferimos la información. Una exaltación a nuestra capacidad humana de resistir. Eternal Sunshine of the Spotless Mind es para mí la mejor película de la década. Cualquier atributo estético o formal que caracterice a la cinta –y de estos posee demasiados- languidece ante el abrumador golpe emocional que carga. Ver esta cinta supone un mejor entendimiento de cómo funcionamos, pues diluye a su más pura esencia la totalidad de la experiencia humana. Somos un colectivo de recuerdos que van y vienen, y aunque a veces lo deseemos, sin un pasado, no hay presente posible que nos sostenga. Far From Heaven: El director Todd Haynes nos presenta una historia a destiempo que, en su aparente irrelevancia temática, nos dice mucho sobre el valor catártico del cine como revisión histórica. En una década en que lo posmoderno invadió al cine comercial y de arte, pocos directores aprovecharon sus características con tanta premura y conciencia como Haynes, quien también nos brindó en esta década la genial I´m Not There. En Far From Heaven, el director hace uso del "pastiche" para recrear, con una fidelidad impresionante, el estilo del melodrama de los 50 del exiliado alemán Douglas Sirk. Más de 50 años después, Haynes retoma la historia de All That Heaven Allows y la revierte, explorando temas como la homofobia, el clasismo y el racismo y comentando a su vez sobre lo poco que han cambiado las cosas con el tiempo. In the Mood for Love: Hong Kong, 1962. Dos vecinos descubren que sus respectivas parejas están teniendo un amorío. A lo largo de la cinta, actúan posibles escenarios en los que confrontan a sus cónyuges. En el proceso, una relación se va tejiendo. ¿Tienen alguna culpa, o están expiados por ser las víctimas iniciales? ¿Qué motiva sus actos, una atracción mutua o la traición a la que son sometidos? Estas son las preguntas que Wong Kar Wai plantea sin una fácil respuesta en In the Mood for Love, una de las muchas obras maestras de su prodigiosa carrera. Esta cinta es un ejercicio en respuestas sensoriales más que emotivas. No que no las alcance, sino que el método es cuidadosamente elaborado. Una vez vista deja un buen sabor. Sus colores, sus sonidos y sus texturas impregnan el ambiente y crean una atmósfera que con el tiempo aprendemos a identificar como característica del director. Escuchar a Nat King Cole cantando Aquellos ojos verdes mientras Tony Leung y Maggie Cheung actúan doblemente el desengaño es un placer pocas veces igualado en el séptimo arte. Kill Bill Vol. 1 y 2: Ante mis ojos, lo mejor que Quentin Tarantino ha hecho, Kill Bill es una de esas cintas que puedo ver en cualquier momento. Todo lo que caracteriza a Tarantino está aquí: diálogos fantásticos, personajes excéntricos, dirección frenética, buen uso de la música, estructura episódica, etc. Sin embargo hay mucho más: secuencias animadas, blanco y negro, homenajes al cine de artes marciales y al spaghetti western, en fin, toda una extraña y fascinante amalgama de puro celuloide. Ninguna cinta en esta lista profesa un amor más profundo al arte de hacer cine que Kill Bill Vol. 1 y 2. Minority Report: El cine, ante todo, es una experiencia visceral. Muy pocas cintas en esta década lograron en mí lo que esta obra maestra de Steven Spielberg: crear un universo tan complejo que rebasa el análisis. El director, muchas veces subestimado por su estilo comercial y azucarado, nos entrega una de sus cintas más oscuras y mejor orquestadas, enmarcada en el género del neo-noir y basada en el cuento homónimo del maestro Phillip K. Dick. Tom Cruise, en una excelente interpretación, encarna a John Anderton, un oficial de Precrimen, agencia del futuro que predice los asesinatos gracias a tres sujetos llamados precogs. Lo que en esencia es un filme de persecución adquiere fuertes resonancias éticas, cuestionando y alertando sobre los procesos legales para combatir el crimen, que cada vez más atentan contra nuestra privacidad y derechos ciudadanos. Oldboy: Esta cinta coreana del 2004 es como una inyección de adrenalina a cargo del gran Park Chan-wook. Oh Dae Su lleva 15 años encerrado en un cuarto con una televisión y varias libretas. Un día es liberado sin explicación alguna, y ahora tiene 5 días para descubrir quién lo encerró y por qué. Esta es la premisa de Oldboy, filme parcialmente basado en un manga del mismo nombre, en donde no hay ni un solo encuadre de más, ni una escena innecesaria, y el morbo y la empatía se entremezclan en una sensación extrañamente familiar. La partitura musical es sin duda una de las más emocionantes de la década, y el final uno de los más perturbadores y la vez hermosos que he visto. There Will be Blood: Ver esta cinta en la pantalla grande es uno de los momentos que marcan mi experiencia cinematográfica de la pasada década. Era como si al fin mi generación obtenía su gran clásico, y con ella, el nuevo gran director norteamericano. Recuerdo observar la última escena -la violencia postergada que al fin se consumaba, desparramada- y pensar que así debió sentirse ver una cinta de Kubrick en 35 milímetros, cuando no habían preconcepciones ni eran llamadas clásicos. Aunque varios años después mi admiración por la cinta ha mermado un poco, es innegable el poder de esta historia de ambición y capitalismo desalmado, un Horacio Alger terriblemente torcido, en donde el fin no es ya el lucro, sino la dominación. Daniel Day Lewis en la actuación de la década, y una dirección que como pocas recuerda lo que es bloquear a los actores, permitir que expresen a través del movimiento lo que las palabras no alcanzan a decir. Menciones de honor: No Country for Old Men, Adaptation, The Royal Tenembaums, City of God, The Lord of the Rings, El violín, El aura, Rachel Getting Married, 25th Hour, Hable con ella, The Dark Knight, Mullholland Drive, A History of Violence, Memento, Sideways, Lost in Translation, Spirited Away, Ratatouille, Brokeback Mountain, Children of Men, Persepolis, Catch Me If You Can, Let the Right One In, Dogville, Caché, Moulin Rouge, Y tu mamá también, Songs From the Second Floor, Born Into Brothels, The Edge of Heaven, Once, The Squid and the Whale, American Splendor, The Lives of Others, Garden State, Kiss Kiss Bang Bang, The Death of Mr. Lazarescu, 500 Days of Summer, The Hurt Locker, Inglourious Basterds, Yes, Junebug, High Fidelity, Nine Lives, Palindromes, Shrek, Almost Famous, Away From Her, The Piano Teacher, The Host, L.I.E., The World, Triplets of Belleville, My Winnipeg, Waking Life, The Wrestler, Starting Out the Evening, A.I. The Departed, Romance and Cigarettes, Juno.

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