02 sep, 2014

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Martes 08 de noviembre de 2011 16:07

Cines del Viejo San Juan: del sepulcro a la memoria

Por  Carlos Enrique Lugo Lorenzo
  • De: Especial para Diálogo
Lo que en antaño albergó el Cine Royal, hoy suele ser utilizado como taller de ebanistería. Lo que en antaño albergó el Cine Royal, hoy suele ser utilizado como taller de ebanistería. Carlos Enrique Lugo Lorenzo

Caminar los espacios urbanos es una práctica que he cultivado desde pequeño con mi padre. Camino motivado por las cosas que invita la mirada. Caminar por la ciudad es un acto asociado al aventurero que va abriendo trayectos inexplorados, pero también trayectos que, al mirarse de otra forma, se vuelven a descubrir.



Mi padre solía visitar en compañía de sus hijos y sobrinos, durante las salidas de fin de semana, el Viejo San Juan. Nos resultaba divertido recorrer las callejuelas adoquinadas que conducían al muelle,  plazas y fuertes. Bordeábamos parte de las enormes murallas de la península, explorábamos las garitas con fuerte olor a orín imaginando ser un centinela español que vigila con atención a través de la apertura cualquier señal de peligro que se avecina desde la inmensidad del mar Atlántico.

Al ingresar a las capillas y catedrales, caminábamos a hurtadillas para permanecer absortos por la iconografía desplegada en paredes y techos. Cuando niño, la vida es un espectáculo de cosas nuevas, por eso no hubo pedazo en el Viejo San Juan que faltara por ser explorado. 



Asistí al recorrido organizado por la investigadora Rose-Mari Bernier Rodríguez, estudiante de la Escuela de Planificación de la Universidad de Puerto Rico, como parte de su trabajo de tesis, motivado por la agradable actividad de caminar por el Viejo San Juan e imaginar espacios que previamente pasaron desapercibidos por la mirada. ¿Y qué mejor que conocer las primeras salas de proyección cinematográfica, espacios de entretenimiento que me gusta frecuentar?

Durante mi niñez, solía visitar con mi padre las salas de cine Caribbean Cinemas del mall Plaza Centro en Caguas. Se trataba de un día especial porque salíamos de la cotidianidad de ver en casa películas en formato VCR.

En mi adolescencia, tiempos de DVD, frecuentaba con amigos del barrio y mis hermanos las salas de cine CineVista del mall de Mayagüez. El mall se tornó en el espacio principal de interacción social y entretenimiento, todo empaquetado en un sólo lugar.

Es interesante saber que durante principios de siglo XX personas de todas las edades sintieron la misma agradable sensación ante el pre-ámbulo del espectáculo visual que estaba a punto de comenzar. 

 Rose-Mari Bernier Rodríguez trata de sacar del sepulcro del olvido los espacios de espectáculo y ocio de las primeras salas de cine del Viejo San Juan durante las primeras décadas del siglo XX.

Bernier Rodríguez, ofrece recorridos guiados por el Viejo San Juan junto a los caminantes interesados en desplazarse por la ciudad para conocer parte de la historia de la cultura visual en movimiento. La investigadora se ha valido de todos los recursos disponibles para realizar la investigación. La fotografía de prensa, una de las fuentes que utiliza, funciona como registro documental, fragmentos inconexos que el proceso de investigación permite develar por medio de una narrativa anclada en un determinado tiempo y espacio.



La introducción del recorrido comenzó en la Plaza Colón, un sábado soleado a las diez de la mañana. A esta hora, el bullicio de los autos y el paso de los turistas se dejan notar. Nos adentramos al portal del pasado de los viejos cines. A finales del siglo XIX, en 1897, el derribo de la muralla a la entrada del Viejo San Juan habla de las ansias de re-configuración de espacios ante el auge de los proyectos de modernización y civilidad. Allí se realizaron los primeros espectáculos de circo y cine itinerantes en carpas. El Teatro Tapia, frente a la Plaza Colón, fue también un espacio de proyección de cinematógrafo.

A partir del Parque Colón comenzamos a desplazarnos por las callejuelas adoquinadas de la ciudad, comenzando con la Calle San Francisco. 

Nos detuvimos frente al Cine Rialto, ahora un Burger King que parece tratar de opacar las formas arqueadas de puerta y ventanas de la arquitectura colonial de la época. En el interior del edificio, todavía yace la escalera que conduce al mezzanine, lugar donde se proyectaban las películas para un público bastante amplio.

En algún momento fue cine pornográfico hasta que cerró sus puertas durante la década del setenta. La presencia de la franquicia Burger King, de lo que tiempo atrás fue un espacio de cine no es un hecho fortuito, tiene su explicación en la cadena de cines Cobián, socios durante los años cincuenta de los dueños de la cadena de cines Caribbean Cinemas, Burger King y Basking Robbins. Cabe destacar que los dueños de los cines se convertían en socios formando cadenas que posteriormente se vendían a otros dueños de cadenas de cine, por ejemplo, la cadena Cobián, Martí y Caribbean Cinemas.



De la Calle San Francisco, tomamos la Calle San Justo donde está ubicado el edificio del que fue el Cine Royal. Ahora se suele utilizar como taller de ebanistería. El edificio tiene el techo de tejas y en su parte frontal abundan las ventanas, en su mayoría de forma rectangular.

Uno de los caminantes compartió la anécdota de que para los años setenta visitó el cine para ver una película en la que el cantante y compositor Mick Jagger interpreta a un vaquero. Las películas de vaqueros es posible que se alternaran con frecuencia con películas no aptas para menores. 



Doblando la calle se encuentra el Cine Luna, edificio que originalmente tenía dos pisos, posteriormente se le añadió un tercero. Este cine era bastante espacioso, tenía la capacidad de acoger 400 personas. El segundo piso está provisto de seis puertas frontales con balcón. El primer y segundo nivel del edificio están decorados con formas circulares y distintas figuras que llaman la atención del transeúnte.

Durante la década del veinte, se proyectaban series cuyo costo de entrada era bastante económico. 

 Más adelante, en la Calle Del Cristo se encuentra el Hotel El Convento, antes la Capilla del Convento de las Carmelitas, que a partir del siglo XX comenzó a ser utilizado como cine y para distintos espectáculos, tomando el nombre de Salón Apolo. El edificio fue utilizado para distintos fines. Hasta ahora, es considerado como el primer cine establecido en San Juan. La enorme sala donde estaban las butacas ahora es una sala para realizar actividades del hotel. 



Caminamos por la Calle San Francisco hasta llegar a la bulliciosa Plaza de Armas. Allí están los artesanos, turistas y grupos de palomas que llegan atraídas por el maíz y son espantadas por el correr de los niños. La plaza estaba tan concurrida de visitantes como lo estuvo a principios de siglo XX.

Por la Calle San Francisco, antes llamada Calle Salvador Brau, pasaba el trolley entre la plaza y los edificios de dos niveles con balcón, donde durante el año 1910 se estableció por un periodo corto de tiempo un cine. No se sabe con exactitud el edificio en donde se presentaban las películas. 



Más adelante, en la Calle del Cristo nos topamos con lo que fue el Cine Roxy, edificio de estilo Art-Deco que se inaugura en 1940.  La parte frontal está decorada con frisos acompañados de pequeñas ventanas que se abren a la par. Posteriormente, el edificio se quemó, y fue rentado a una compañía de teatro experimental que lo habilitó. Durante la década del cuarenta, luego de comprar el boleto de entrada en la boletería (que todavía permanece intacta), se le proveía al visitante un cojín para su comodidad. De acuerdo con algunos caminantes que frecuentaban el lugar durante los años ochenta, este bello edificio ha sido utilizado en distintos momentos como restaurante, discoteca y espacio de danza. Es posible que pronto sea rentado para ofrecer espectáculos.  

En 1940 se inaguró el Cine Roxy cuyo edificio cuenta con gran influencia del Art-Deco

 

Durante esta misma década, en el periodo de la Segunda Guerra Mundial, en Fort Brooke, antigua base militar ubicada en el fuerte El Morro, con el propósito de divertir a los soldados, se construyó una piscina en las afueras del fuerte y se proyectaban películas al lado del cementerio.

Terminamos cerca de la Calle Comercio frente a la Marina donde en la primera década de siglo XX se estableció un edificio de lo que antes fueron las carpas de cine itinerante Tres Banderas, espacio de espectáculos y proyección de películas. Las actividades que se ofrecían en las carpas no eran estacionarias, en gran medida porque no había una gran variedad de películas disponibles. La gente tenía que esperar ansiosa por la próxima exhibición itinerante.

Un dato curioso es la multa de cien dólares que se le impuso a las “hermanitas Venus”, dueto de bailarinas exóticas que, al parecer, lastimaron el pudor de la esposa de un oficial del ejército estadounidense.

Hasta aquí la grata experiencia de caminar por los viejos cines de San Juan, que invocados por la memoria histórica se rescatan del sepulcro del olvido.

El autor es estudiante de Maestría en Teoría y Comunicación de la Escuela de Comunicación de la UPR, en Río Piedras. 
 

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